El estrés nos vuelve materialistas

¿Sientes que el miedo o el estrés te domina? No es malo sentir estas emociones, es un mecanismo de defensa que nos mantiene alertas. Sin embargo, cuando este estado se mantiene, es decir se prolonga por mucho tiempo, crea efectos negativos en nuestro ser. Cuando estamos dominados por el estrés, las ondas de nuestro cerebro pasan de estar en Beta (que son las ondas que tenemos en vigilia y en actividad) a ondas Beta Altas, (que es el estado de estrés) y cuando nos mantenemos en este estado, nuestro cuerpo y mente empieza a actuar incoherentemente, creando un desorden en nuestra actividad interna.

Para las personas que viven en este estado de «supervivencia» o también conocido como «estado de lucha o huída», viven siempre en un estado de emergencia y se olvidan de cambiar de marcha. Este estado ocupa muchísima energía porque nuestros sentidos se ponen alerta para resolver la situación que tenemos enfrente, empezamos a tener una visión de túnel, en la que no consideramos opciones, solo actuamos para “salvarnos”. Ocupamos más energía en resolver la situación que nos tiene así. Nuestro cuerpo empieza a segregar químicos como el cortisol y la adrenalina en mayores cantidades, y eso actúa como un ácido en nuestro cuerpo. La adrenalina aumenta la frecuencia cardiaca, eleva la presión arterial y aumenta los suministros de energía. El cortisol es la principal hormona del estrés.

Tener continuamente pensamientos de supervivencia, genera sentimientos como la ira, el miedo, tristeza, ansiedad, inseguridad y estas emociones son de baja frecuencia. Haciendo que nos enfoquemos más en lo que está fuera de nosotros, en nuestro entorno, en el tiempo, en las cosas externas, en el trabajo, en las cosas negativas que nos han pasado, porque nuestros sentidos se agudizan y generan este enfoque en lo exterior, en el mundo material. De esta forma podemos decir que nos volvemos materialistas, intentamos llenar el vacío que nos genera el sentirnos así, con cosas materiales, cosas externas, que nos hacen felices temporalmente y luego de un tiempo volvemos a sentir ese vacío. Empezamos a comportarnos inconscientemente como la serpiente que se muerde la cola.

Nos olvidamos de nuestro interior. La meditación es una forma de entrenar nuestra mente para tener pensamientos de alta frecuencia, como es la gratitud, el amor, la compasión, la creatividad, la conexión con tu interior. Cuando hacemos nuestra práctica de meditación diaria logramos pasar conscientemente de estas ondas Beta Altas a ondas más bajas, y regulamos nuestro estado de supervivencia, llevándonos a un estado de creatividad, de quietud y calma, conectándonos con emociones que vibran alto, al igual que nuestro espíritu. Entonces llevamos nuestra atención a nuestro interior, a nuestra verdadera naturaleza, a lo que es real y permanente en este plano. Nos empezamos a conectar con un estado de no-mente, donde no estamos limitados por los juicios, la dualidad, el ego y sabemos que nuestra sabiduría interna es la que nos guía. Nos ayuda a recordar que lo que está adentro es más real que lo que está afuera.

Nuestros pensamientos también son un hábito, por eso es tan importante cultivar en nuestra mente pensamientos de calidad, que eleven nuestro estado para vivir en armonía. El problema no son los pensamientos, el problema es la calidad de los mismos.

¿Cuál es la calidad de tus pensamientos?

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